Durante los 40’s, los 50’s y, quizás, hasta entrados los 60’s, la crítica boxística consideró a la cláusula de la revancha obligatoria como “inmoral”, porque le imponía una especie de opción única irrechazable a un retador que había logrado vencer a un campeón, que estaba obligado, legalmente, a efectuar su primera defensa contra el ex monarca a quien había destronado.
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